Hace
unos días recibí una llamada de un amigo para consultarme sobre un negocio que
estaba pensando lanzar. Luego de conversar al respecto, comenzamos a ver que el
negocio no estaba claro en su concepción pero que ameritaba continuar estudiándolo.
Algunas
personas tenemos una idea clara y concisa de lo que queremos crear, mientras
otras nos auxiliamos de metodologías para concretar y precisar las ideas. Como
han planteado muchos expertos, un negocio
es una actividad que se realiza para
obtener un beneficio. Lo importante
que quiero resaltar aquí es que para un negocio pueda crecer y mantenerse en el
tiempo, el beneficio debe ser compartido entre todas las partes interesadas (accionistas,
clientes, empleados, suplidores, gobierno).
Cada
negocio que existe, está resolviendo un problema o inconveniente y debe responder
a: “¿si esta actividad no se desempeña,
a quiénes afecta y cómo? Mientras más específico planteamos el problema a resolver,
mejor dirigido estará el esfuerzo de crear y operar el negocio.
Un
error que cometemos la mayoría de personas que decidimos arrancar un
emprendimiento es el no detenernos a pensar
en el por qué, para qué y para quién. Muchas veces tenemos en frente el “como”
(tenemos acceso a un local, a una computadora, a una mercancía) y el cuándo pero
no tenemos claro a dónde dirigimos el beneficio.
Un
ejemplo de un problema de negocio de ropa, donde podremos identificar a los
clientes que queremos complacer:
Hombres jóvenes, trabajadores y profesionales
disfrutan comprar ropa de moda a precios moderados. Ellos tienden a
comprar en horarios convenientes y prefieren tiendas que ofrecen una gama
selecta de mercancía que va rotando rápidamente. A este público les
gusta conversar con asesores de ventas que entienden la moda y conocen
la mercancía de su tienda; pocos vendedores en las tiendas locales
poseen este conocimiento. Actualmente,
muchos de estos hombres adquieren su mercancía por internet o tienen que
trasladarse hacia otras provincias a suplir sus necesidades y gustos.
A veces pensamos que
nuestros gustos y preferencias son compatibles con los clientes a los que
dirigimos nuestra venta pero rara vez es así. Como decía Napoleón Hill en su clásico
libro “piensa y hazte rico” nos
conviene pensar sobre la idea y concretarla. ¿A quiénes queremos ayudar?

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