jueves, 8 de mayo de 2014

Explicando las necesidades humanas


“El valor nunca es mayor que cuando nace de la última necesidad.”
-Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648) Diplomático y escritor español.

En mi afán de entender la naturaleza humana y el por qué hacemos lo que hacemos, he podido estudiar uno de los principales expertos en la materia, el Sr. Anthony Robbins, quien nos propone que los seres humanos tenemos 6 necesidades humanas. No son deseos, ni caprichos. Son necesidades. Las mismas pueden verse como una versión revisada de la jerarquía de Abraham Maslow.

La primera necesidad humana es la de certeza/confort/comodidad. Tenemos una necesidad de saber que vamos a vivir, que vamos a comer, que vamos a dormir, que todo estará bien, en fin. Sucede que cuando llegamos a sentirnos totalmente cómodos, en control, que sabemos que va a suceder y cuando va a suceder…viene un problema: ¡nos aburrimos! 

Entonces Dios, en su infinita sabiduría, nos concede la paradoja de la segunda necesidad humana básica: la variedad/sorpresa/incertidumbre. Así es, necesitamos también recibir sorpresas, cambiar la rutina. Esto incluye sorpresas agradables y desagradables. Es curioso ver nuestra reacción a la incertidumbre luego de sentirnos cómodos por mucho tiempo. Esta dualidad, el equilibro entre la primera y la segunda necesidad, es una dinámica esencial de la vida.

La tercera necesidad humana es la de significado/importancia. Necesitamos sentirnos importantes, diferentes, reconocidos, impactantes, especiales. Y todos lo hacemos de una manera u otra. Puede ser tan sencillo como usar un tatuaje, o ser como los EMO o “Hipsters”. También cuando escuchamos a alguien decir “tengo una conexión especial con el creador” están llenando esta necesidad.

Consecuentemente, cuando nos hacemos muy especiales y diferentes sucede que nos desconectamos de los demás. Entonces surge la cuarta necesidad humana: amor y conexión. Necesitamos amar y sentirnos amados, y estar conectados con nuestra especie y nuestra naturaleza. Es una necesidad de pertenecer. Muchas veces nos conformamos con conexión pues el amor nos resulta muy doloroso. Como una señora que tiene dos perros y tres gatos. Tip: si queremos conexión instantánea, busquemos un perro. ¡Nos vamos 5 minutos y al regreso el perro nos recibe como si no nos ha visto en 10 días!

Las primeras cuatro necesidades son básicas, y se pueden considerar ciencia. Encontramos siempre una manera u otra de alcanzarlas o satisfacerlas. La mayoría de nosotros nos quedamos cumpliendo estas cuatro. Las últimas necesidades son de autorrealización, y la manera en que las expresamos nos sugiere entenderlas como un arte.

La quinta necesidad humana es la de crecimiento. Podemos observar que todo lo que no crece en el universo está muriendo. Una planta en casa, ¿si no está creciendo que está haciendo? Así lo apreciamos en la naturaleza. ¿Los seres humanos, somos naturaleza? – por supuesto. La verdadera medida de la felicidad es el progreso. Si no estamos creciendo, progresando, somos infelices. 

La sexta necesidad humana, aquella que nos trae satisfacción, es la de contribución. Necesitamos expandirnos y sentir que estamos dando a una causa más grande que nosotros mismos. Si nos fijamos en Bill Gates, hoy día desde 1994 han donado 40 billones de dólares a diferentes causas a través de su Fundación Bill y Melinda Gates. 

Entender lo anterior nos permite analizar nuestra vida y ver de qué manera estamos llenando nuestras necesidades humanas, comunes para todos. Tenemos formas de hacerlo que son más productivas que otras. Robbins explica que, cuando una actividad llena 3 o más necesidades, se vuelve una adicción. Por ejemplo, si encontramos que estamos adictos a la televisión o Netflix (le dedicamos una gran parte del día a esta actividad) probablemente nos está llenando certeza, variedad y conexión. O el caso de Facebook, el cual podemos decir que logra cubrir las 4 básicas.

Queremos identificar cuales actividades están saboteando nuestras oportunidades de crecimiento y autorrealización e incorporar otras que nos guíen a donde queremos realmente llegar, pues siempre dependerá de nosotros. Contrastemos el aporte de la televisión al aporte de estudiar y aprender una nueva habilidad para poder estar conscientes y tomar mejores decisiones sobre el uso de nuestro tiempo.

jueves, 1 de mayo de 2014

Cómo plantear una idea de negocio


Hace unos días recibí una llamada de un amigo para consultarme sobre un negocio que estaba pensando lanzar. Luego de conversar al respecto, comenzamos a ver que el negocio no estaba claro en su concepción pero que ameritaba continuar estudiándolo.


Algunas personas tenemos una idea clara y concisa de lo que queremos crear, mientras otras nos auxiliamos de metodologías para concretar y precisar las ideas. Como han planteado muchos expertos, un negocio es una actividad que se realiza para obtener un beneficio. Lo importante que quiero resaltar aquí es que para un negocio pueda crecer y mantenerse en el tiempo, el beneficio debe ser compartido entre todas las partes interesadas (accionistas, clientes, empleados, suplidores, gobierno).


Cada negocio que existe, está resolviendo un problema o inconveniente y debe responder a: “¿si esta actividad no se desempeña, a quiénes afecta y cómo? Mientras más específico planteamos el problema a resolver, mejor dirigido estará el esfuerzo de crear y operar el negocio.


Un error que cometemos la mayoría de personas que decidimos arrancar un emprendimiento es el no detenernos a pensar en el por qué, para qué y para quién. Muchas veces tenemos en frente el “como” (tenemos acceso a un local, a una computadora, a una mercancía) y el cuándo pero no tenemos claro a dónde dirigimos el beneficio.


Un ejemplo de un problema de negocio de ropa, donde podremos identificar a los clientes que queremos complacer:

Hombres jóvenes, trabajadores y profesionales disfrutan comprar ropa de moda a precios moderados. Ellos tienden a comprar en horarios convenientes y prefieren tiendas que ofrecen una gama selecta de mercancía que va rotando rápidamente. A este público les gusta conversar con asesores de ventas que entienden la moda y conocen la mercancía de su tienda; pocos vendedores en las tiendas locales poseen este conocimiento.  Actualmente, muchos de estos hombres adquieren su mercancía por internet o tienen que trasladarse hacia otras provincias a suplir sus necesidades y gustos.


A veces pensamos que nuestros gustos y preferencias son compatibles con los clientes a los que dirigimos nuestra venta pero rara vez es así. Como decía Napoleón Hill en su clásico libro “piensa y hazte rico” nos conviene pensar sobre la idea y concretarla. ¿A quiénes queremos ayudar?