jueves, 1 de mayo de 2014

Cómo plantear una idea de negocio


Hace unos días recibí una llamada de un amigo para consultarme sobre un negocio que estaba pensando lanzar. Luego de conversar al respecto, comenzamos a ver que el negocio no estaba claro en su concepción pero que ameritaba continuar estudiándolo.


Algunas personas tenemos una idea clara y concisa de lo que queremos crear, mientras otras nos auxiliamos de metodologías para concretar y precisar las ideas. Como han planteado muchos expertos, un negocio es una actividad que se realiza para obtener un beneficio. Lo importante que quiero resaltar aquí es que para un negocio pueda crecer y mantenerse en el tiempo, el beneficio debe ser compartido entre todas las partes interesadas (accionistas, clientes, empleados, suplidores, gobierno).


Cada negocio que existe, está resolviendo un problema o inconveniente y debe responder a: “¿si esta actividad no se desempeña, a quiénes afecta y cómo? Mientras más específico planteamos el problema a resolver, mejor dirigido estará el esfuerzo de crear y operar el negocio.


Un error que cometemos la mayoría de personas que decidimos arrancar un emprendimiento es el no detenernos a pensar en el por qué, para qué y para quién. Muchas veces tenemos en frente el “como” (tenemos acceso a un local, a una computadora, a una mercancía) y el cuándo pero no tenemos claro a dónde dirigimos el beneficio.


Un ejemplo de un problema de negocio de ropa, donde podremos identificar a los clientes que queremos complacer:

Hombres jóvenes, trabajadores y profesionales disfrutan comprar ropa de moda a precios moderados. Ellos tienden a comprar en horarios convenientes y prefieren tiendas que ofrecen una gama selecta de mercancía que va rotando rápidamente. A este público les gusta conversar con asesores de ventas que entienden la moda y conocen la mercancía de su tienda; pocos vendedores en las tiendas locales poseen este conocimiento.  Actualmente, muchos de estos hombres adquieren su mercancía por internet o tienen que trasladarse hacia otras provincias a suplir sus necesidades y gustos.


A veces pensamos que nuestros gustos y preferencias son compatibles con los clientes a los que dirigimos nuestra venta pero rara vez es así. Como decía Napoleón Hill en su clásico libro “piensa y hazte rico” nos conviene pensar sobre la idea y concretarla. ¿A quiénes queremos ayudar?

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